Los Gonzalez tienen 2 hijos: José, de 11 años de edad, y Alberto de 9 años de edad. Los dos son muy inteligentes, obtienen logros en la escuela, hacen deportes y tienen muchos amigos. Sin embargo, los padres se preguntan cómo puede ser que dos niños de la misma familia sean tan diferentes. José se mueve despacio, es tranquilo, adaptable y “calmado”. Alberto es energético, intenso, responde con rapidez y anda por la vida a velocidad máxima. José se ajusta al “estilo de vida” de sus padres, pero ellos están perplejos y frecuentemente molestos y enojados por la alta actividad e intensidad de Alberto, y piensan que su conducta es intrusiva y perjudicial. Las diferencias de conducta entre los dos chicos reflejan sus características individuales de temperamento, y estas diferencias contribuyen enormemente a los altibajos de la vida diaria de los Gonzalez.

¿ Qué es el temperamento?

El temperamento describe las diferencias de cada individuo que:

  • Tienen base bioló gica
  • Son evidentes muy temprano en la vida, y
  • Son características de un individuo en muchas situaciones y a través del tiempo.

Las diferencias de temperamento ya se ven en los bebés. Algunos son quisquillosos, sensibles al ruido, se asustan o enojan fácilmente y tienen patrones de alimentación y sueño irregulares; otros son tranquilos y apacibles y se adaptan rápidamente a las rutinas de alimentación y sueño. Muchos niños de ocho años de edad son energéticos, intensos, responden rápidamente, ya sea que estén comiendo, jugando o hablando con amigos. Otros tienen un ritmo pausado, son reflexivos y se toman su tiempo para adaptarse a nuevas situaciones, nuevas comidas y nuevas personas. Los padres con muchos niños reconocen las diferencias en el empeño, distracción y niveles de energía y saben que un niño puede ser extrovertido y entusiasta, mientras que el hermano puede ser tímido y tranquilo. Es especialmente importante reconocer las diferencias individuales de temperamento cuando el niño tiene problemas de aprendizaje o atención, ya que los padres y maestros deben aprender a determinar las razones por la conducta del niño.

Qué nos dicen las investigaciones sobre el temperamento

Los investigadores han desarrollando una variedad de definiciones específicas de temperamento (Keogh 2003, Cristal 2005), pero la definición de Alexander Thomas y Stella Chess (1977) es la más relevante para los padres cuando se trata de analizar cómo interactúan los niños con sus familiares. Ellos definen temperamento como un término general que se refiere al “cómo” de la conducta. Se diferencia de la capacidad, que se refiere al “qué” o “qué tan bien” de la conducta y se diferencia de la motivación, que se refiere al “por qué” un persona hace lo que hace. Thomas y Chess identificaron nueve dimensiones de temperamento basándose en su experiencia clínica y en sus investigaciones con niños y familias. Estas dimensiones proveen el marco de trabajo para describir las diferencias individuales en temperamento y son capturadas en las definiciones de Jan Kristal(2005) de las nueve dimensiones.

Dimensiones de temperamento (Kristal, 2005)

  • Umbral de sensibilidad: describe el nivel de estímulo necesario para generar una respuesta
  • Nivel de actividad: es el nivel general de actividad motora del niño cuando está despierto o dormido
  • Intensidad: es la energía reactiva de la respuesta, ya sea feliz, triste o de enojo; y describe qué tan expresivo es el niño
  • Ritmo: determina qué tan predecible son las funciones corporales como el apetito, el ciclo vigilia/sueño, y los patrones de eliminación
  • Adaptabilidad: describe con qué facilidad el niño se ajusta a los cambios y transiciones
  • Estado de ánimo: es la calidad básica del temperamento. Puede ser más positiva (un niño feliz o alegre) o más negativa (un niño irritado o serio)
  • Actitud/Retraimiento: es la reacción inicial que tiene el niño ante algo novedoso: nuevo lugar, situación o cosa
  • Empeño: describe la capacidad para continuar una actividad cuando es difícil o cuando se enfrenta a un obstáculo, describe si el niño se “apega” a una tarea
  • Distracción: es la facilidad con la que el niño puede distraerse por estimulación externa, o a la inversa, su nivel de enfoque o concentración

Thomas y Chess también describieron tres patrones o constelaciones de características de temperamento que influeyen en la relación padre-hijo y en la vida familiar.

  • Los niños “fáciles” generalmente son adaptables, de actividad e intensidad apacible o moderada, de humor positivo e interesados en experiencias nuevas.
  • Los niños “difíciles” tienden a ser intensos, poco adaptables y de humor negativo.
  • Los niños “lentos para animarse” se enfadan con los cambios, son característicamente reacios y retraídos en situaciones nuevas, tímidos con gente nueva, pero con el tiempo se adaptan lentamente y bien.

Estos tipos de temperamento coinciden con los resultados de nuestras investigaciones en la UCLA (Keogh, 2003). Creemos que las nueve dimensiones de Thomas y Chess describen grupos similares de conductas individuales de niños, especialmente en cuanto a su nivel de actividad, adaptabilidad, actitud/retraimiento, intensidad y humor.


Cómo el temperamento influencia la vida familiar

Las diferencias individuales de temperamento o estilos de conducta son importantes para la vida familiar por varios motivos, ya que afectan la naturaleza de las interacciones entre los miembros de la familia. Algunos niños se adaptan fácil y rápidamente a la rutina de la familia, y se llevan bien con los hermanos. A otros, especialmente a los muy activos, intensos e “irritables” les resulta más difícil adaptarse a las demandas diarias y sus interacciones con los padres y hermanos puede llevar a conflictos estrés. Piense en como un niño activo, impulsivo, puede molestar a un hermano mayor que está tratando de completar un proyecto para la escuela o en como un niño que se distrae y que pone poco empeño, puede hacer que los padres se frustren cuando intentan que él complete su tarea o termine con las tareas hogareñas.

Es importante notar que los padres, al igual que los niños, también tienen temperamentos diferentes. Algunos reaccionan rápida e intensamente algunos son flexibles y adaptables y otros no. La “combinación” entre el temperamento de padres e hijos tiene un gran efecto en la vida familiar, que a veces lleva a interacciones positivas, a veces frustrantes y a veces conflictivas. Es importante notar que los padres también difieren en cuanto a las expectativas que tienen sobre la conducta de sus hijos y cómo ven y toleran diferentes temperamentos. Por ejemplo, ciertas constelaciones de temperamento como la alta actividad, intensidad y persistencia puede ser tolerado y valorado en los varones pero no en las niñas. A la inversa, la timidez y sensibilidad es aceptable en las niñas pero no en los varones.

Esto nos lleva a la noción de “qué tan bien encaja/combina”, que puede ser un marco de trabajo útil para ayudar a los padres a determinar cómo el temperamento afecta las relaciones familiares. “Qué tan bien encaja/combina” se refiere a qué tan bien se lleva (o no) el niño con el resto de la familia. Por ejemplo, un niño muy activo e intenso como Alberto puede molestar e irritar a un padre tranquilo, de ritmo lento y reflexivo. Un padre activo, que responde rápido puede ser impaciente con un niño “lento para animarse”, a quien el padre puede ver como perezoso o indiferente. Se pueden sacar chispas cuando el padre y el niño son intensos y responden con rapidez. La vida familiar no es la misma para todos los niños y el temperamento es uno de los ingredientes del “encaje/combinación” entre el niño y la familia.

El temperamento y las dificultades de aprendizaje

Las diferencias individuales de temperamento pueden ser especialmente importantes cuando un niño tiene problemas de aprendizaje o desarrollo. Un niño con discapacidades de aprendizaje a veces demanda más de los padres y hermanos, lo que afecta la rutina familiar: ayuda extra todas las noches para hacer la tarea, dos viajes por semana al tutor, visitas a la escuela para reunirse con los maestros, y eso sin hablar de la necesidad de supervisar e intervenir en riñas con los hermanos. Es más fácil para los padres responder a demandas extra cuando el niño tiene una predisposición positiva, es adaptable y accesible, que cuando es negativo, retraído y se irrita fácilmente. Como con todos los niños, las interacciones entre niños con problemas de aprendizaje, sus padres y sus hermanos, se ven afectadas por el temperamento, especialmente cuando el temperamento del niño no “encaja/combina” bien con el ambiente familiar.

El temperamento también puede contribuir a los patrones de adaptación del niño a lo largo del tiempo. El pediatra William Carey (1998) sugirió que el niño puede llegar a depender de conductas basadas en el temperamento, que pueden resultar en estrategias inadecuadas para enfrentar situaciones, que no contribuyen al beneficio del niño. Por ejemplo, un niño tímido y retraído con discapacidad de aprendizaje puede depender del retraimiento como una estrategia para enfrentar situaciones estresantes, incluyendo las tareas académicas. Un niño con discapacidad de aprendizaje, en quien la falta de empeño se debe a su temperamento, puede depender de la estrategia de darse por vencido en situaciones en las que se enfrenta a un desafío.

Es importante que los padres comprendan que no existe un único perfil de temperamento que caracterice a los niños con discapacidad de aprendizaje. Al igual que otros niños, un niño con discapacidad de aprendizaje tiene un temperamento individual y único. ésto no significa que la dificultad de aprendizaje y el temperamento no se superpongan, porque en muchas ocasiones hay similitudes entre los signos de discapacidad de aprendizaje y las características de los temperamentos difíciles, especialmente en los rasgos relacionados con la distracción, intensidad y falta de empeño. Con frecuencia, sin embargo, se asume que las características de temperamento del niño con discapacidad de aprendizaje son parte de la discapacidad misma, y no de las variaciones individuales de estilos de conducta. Esta confusión tiende a sobre enfatizar la discapacidad e ignorar la individualidad del niño con discapacidad de aprendizaje. Cuando observa e interpreta la conducta de un niño a través de “la lente” del temperamento, será más fácil descifrar cuáles son los signos de discapacidad de aprendizaje y cuáles los del temperamento.


¿Cómo el comprender el temperamento puede mejorar la vida familiar?

Comprender el temperamento del niño facilita una manera nueva de pensar en el niño y las relaciones familiares. Primero, transforma la manera en que usted interpreta la conducta del niño y afecta la manera de pensar sobre las razones de su conducta. Por ejemplo usted puede ver a un niño activo, energético y accesible que se interesa por todo como “exuberante” en lugar de “hiperactivo” e intrusivo. O usted puede ver a un niño tímido y lento para animarse como “sensible” y reflexivo, en lugar de verlo como antipático y sin motivación. Su respuesta como padre se ve afectada por cómo usted interpreta la conducta de su hijo. Por ejemplo, si usted percibe una mala conducta como hecha a propó sito, es posible que se irrite o se enoje, y que responda de manera negativa o punitiva. Cuando usted percibe la conducta del niño como algo relacionado con su temperamento en lugar de una mala conducta malintencionada, usted puede disminuir su reacción negativa.

Segundo, es importante enfatizar que pensar en función del temperamento no excusa una conducta inaceptable, pero ofrece directivas sobre cómo responder a la misma. Como los padres saben, algunos simples cambios pueden reducir las tensiones familiares. Un niño lento puede necesitar tiempo extra en las mañanas para alistarse para la escuela y para “estirar” el desayuno. Darle media hora extra por las mañanas, en lugar de decirle continuamente “apúrate”, puede ser una buena alternativa para disfrutar de un momento de calma antes de ir a la escuela. Un niño persistente que se concentra mucho en un proyecto de dibujo, quizás necesite que le recuerden varia veces y a intervalos regulares que se acerca la hora de la cena o de ir a dormir.

Tercero, pensar la conducta del niño desde la perspectiva del temperamento ayuda a que anticipe cuándo y dónde pueden ocurrir problemas. El viejo dicho de más vale prevenir que curar es muy relevante. A un niño tímido y lento para animarse no le gustan las sorpresas ni los cambios repentinos en la rutina. él se siente cómodo cuando la rutina familiar diaria es ordenada y consistente, y necesita tiempo para adaptarse cuando la rutina se modifica. Un cambio en el horario de trabajo de los padres, una nueva niñera, e incluso un cambio en la hora de cenar puede resultar estresante. Un niño lento para animarse se siente más cómodo cuando sabe con anticipación qué cambios ocurrirán y cuándo, y cuando se le da tiempo para adaptarse. De la misma manera, si usted puede anticipar cómo y cuando un niño muy activo, intenso y que se distrae, tendrá problemas, usted puede disminuir la posibilidad de arrebatos negativos. Un viaje largo en automó vil sin paradas y sin actividades interesantes tiene probabilidades de llevar a conductas problemáticas. Planear con anticipación, es especialmente importante cuando se viaja con un niño con este tipo de temperamento.

La vida familiar está hecha de interacciones continuas e innumerables que afectan la calidad de nuestras vidas diarias, y las diferencias individuales de temperamento entre los miembros de la familia son factores importantes que determinan si esas interacciones serán positivas y placenteras o “complicadas” y estresantes. Por lo tanto, como padre, es importante que reconozca las diferencias individuales del temperamento de su hijo y que lo ayude a comprender el impacto que su temperamento tiene sobre los otros miembros de la familia. También es importante que usted se conozca y reconozca su propio temperamento y que sepa cómo su estilo de conducta afecta la vida diaria de la familia. El reconocimiento de las diferencias individuales de temperamento brinda una manera positiva para prevenir y manejar problemas que pueden resultar de una mala “combinación” de los estilos de conducta de la familia.

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