La adolescencia puede ser un período difícil para usted, y en especial para su hija adolescente si tiene problemas de aprendizaje. A una edad en la que con frecuencia los hijos están menos dispuestos a hablar con sus padres, es probable que lo más importante sea mantener los canales de comunicación abiertos y funcionando. Hablar con su hija adolescente sobre sus dificultades de aprendizaje puede ser particularmente difícil y, a la vez valioso.  

En su afán por encontrar su propia identidad, su hija adolescente puede pasar la mayor parte del tiempo tratando de hacer valer su independencia ante la autoridad de un adulto, defendiendo a su grupo de amigos, y poniendo en tela de juicio sus opiniones y valores. Los adolescentes también enfrentan mayores exigencias escolares. Todo esto puede hacer que hablar con su hija acerca de sus problemas de aprendizaje sea una tarea delicada.   

La comunicación abierta, directa y continua con su hija adolescente acerca de sus dificultades para aprender, le ayudará a adquirir técnicas para conocerse y defenderse a sí misma, lo que le servirá durante toda la escuela media, la escuela secundaria y en la adultez.  Este artículo presenta algunos enfoques prácticos para mantener el interés de su hija por hablar con usted y con otros adultos acerca de sus problemas de aprendizaje y poder enfrentar el desafío y obtener los mejores resultados en la escuela.

Preste atención para detectar señales de frustración

Con las exigencias académicas crecientes de la escuela media y secundaria, su hija adolescente podría experimentar problemas nuevos y más serios con respecto al aprendizaje y a las demandas sociales. Si nota un cambio de actitud cuando su hija adolescente habla de la escuela, preste atención a las señales. Dado que usted la conoce mejor que nadie, sea receptivo a las claves que le está dando. Los adolescentes que tienen problemas describen a la escuela como “estúpida”, “aburrida” o se refieren a sí mismos como “retardados.”

También hay algunas conductas no verbales que pueden ser una expresión de la frustración con la escuela. Los adolescentes pueden romper sus deberes, negarse a hablar acerca de cómo transcurrió su día o reaccionar en forma exagerada, con arrebatos de ira, ante preguntas acerca de la escuela. O pueden mostrarse extrañamente tranquilos o aislados. ¿Cómo debería responder usted? Pregúntese si su hija estuvo actuando así durante varias semanas. ¿Hay otras causas posibles para este comportamiento, como peleas familiares o cambio de escuela? Si no es así, puede ser el momento de hablar con ella para ponerse al tanto de los problemas actuales con la tarea escolar.


Reúna información

Consiga información acerca de la naturaleza de los problemas de aprendizaje de su hija, de tantas fuentes como sea posible. Estas fuentes pueden ser libros actualizados y artículos, así como información detallada de las áreas del aprendizaje que le resultan fáciles y las que son difíciles, obtenida de cada uno de los profesores de todas las materias. Pida detalles para entender específicamente de qué manera sus problemas afectan su rendimiento académico, especialmente en lo que respecta a la lectura, la escritura, el lenguaje oral y las matemáticas. Algunos ejemplos de dificultades que un padre o un maestro puede no reconocer fácilmente son: 

  • En los cursos superiores, las exigencias de estar al día con los deberes y el trabajo en clase de todas las materias son muchas, incluso para los alumnos más capaces.  La desorganización puede ser “invisible” hasta que causa serios problemas para terminar las tareas y entregárselas al maestro a tiempo.
  • Un alumno de la escuela media puede tener una capacidad adecuada para leer y un vocabulario aceptable, aunque en realidad tenga un bajo nivel de comprensión y poca memoria.
  • Un alumno de la escuela secundaria puede tener una gran habilidad en el lenguaje oral pero errores constantes en el lenguaje escrito. 

A medida que obtiene información acerca de los problemas de su hija, identifique también las áreas favorables. Es probable que estas virtudes sean las herramientas compensatorias que la ayuden a superar o evitar las dificultades.

Controle sus sentimientos

Si al llegar a la escuela media su hija ha experimentado años de problemas académicos, es probable que se sienta muy desilusionada con la escuela y tenga su autoestima muy baja. Cuando estos sentimientos le causen una pérdida de motivación, se deprima o se porte mal, es posible que a usted le resulte difícil mantenerse esperanzado y optimista acerca de sus logros escolares.

Cuando observa los problemas de su hija en la escuela, pueden volver recuerdos dolorosos de sus propias experiencias escolares negativas. O si usted fue un alumno seguro y exitoso, es posible que le resulte difícil entender los problemas de aprendizaje de su hija. También puede enojarse con los profesores o con la escuela. Independientemente de lo que sienta, es buena idea conseguir el apoyo de otros adultos comprensivos (amigos, familiares, un grupo de apoyo formado por padres o niños con problemas de aprendizaje, un consejero) para que pueda tener un punto de vista positivo con respecto a la tarea de apoyar a su hija.

Escoja sus palabras

A llegar a la escuela media o secundaria, su hija habrá estado expuesta a diversos términos con respecto a sus problemas de aprendizaje. Algunos son muy negativos e irrespetuosos. Siga hablando abierta y sinceramente con su hija acerca de sus dificultades en el aprendizaje, para combatir los mitos y la desinformación que puede haber en la escuela, los medios u otros lugares. Refiérase a  hechos concretos acerca de la discapacidad para el aprendizaje y a los logros de gente con estas discapacidades, como prueba para combatir sus creencias negativas y contraproducentes con respecto a su inteligencia o capacidad. Muchos adolescentes expresan una sensación de alivio y pueden enfrentar las cosas mejor cuando los padres y los profesores les ofrecen información precisa acerca de sus problemas, con estrategias realistas y progresivas para enfrentarlos.


Utilice los términos correctos para los servicios de apoyo

Si su hija recibe apoyo especial para la educación o tiene un PEI (Plan de Educación Individualizado) o plan 504, usted y los profesores deben usar los términos apropiados para describir el tipo de apoyo que recibe.  En muchas escuelas, el aula de educación especial se llama comúnmente “aula especializada” o “de recursos” y el profesor de educación especial se llama “profesor especializado” o “de recursos”.  Puede ayudar a romper el estigma de “educación especial” que algunos chicos experimentan si cambia esas expresiones por “aula especializada o de recursos” o “profesor especializado o de recursos.” Del mismo modo, un plan 504 puede llamarse legítimamente “plan de apoyo.” Si usted no usa los términos correctos y su hija los escucha de otras fuentes, involuntariamente puede aumentar el estigma y la vergüenza que ella asocia a esos rótulos.

Tenga en cuenta la edad y la madurez

Alumnos de escuela media

Los padres de los chicos de sexto a octavo grado con frecuencia sienten la necesidad de contar con una “bolsa de trucos” completa para superar la actitud defensiva de los adolescentes. A esta edad, los niños deben participar activamente con sus padres y profesores en los debates sobre el establecimiento de objetivos personales, tales como pensar en cosas en las que ellos sobresalen o en profesiones que podrían disfrutar. Con frecuencia, los alumnos de estas edades participan en algunas de las conferencias entre padres y profesores. Brinde a su hija información sincera acerca de su rendimiento en la escuela y juntos traten de identificar intereses naturales que más adelante pueda cultivar hasta convertirlos en poderosos recursos personales.

En el séptimo u octavo grado, a los niños se les debe enseñar el concepto de “autodefensa” o el rol de “administrador” de sus propias necesidades educativas.   Enseñe a su hija a hablar por sí misma, ya que esta práctica será esencial cuando crezca. Practique cómo hablarle a los profesores y a otras personas acerca de sus necesidades específicas de aprendizaje. Su hija querrá usar esta técnica a medida que crezca y necesitará usarla en la escuela secundaria, o durante el entrenamiento y educación terciaria, y en el trabajo. 

Los niños en la escuela media buscan desesperadamente adaptarse para integrarse con sus pares. Por este motivo, su hija en edad escolar media puede preferir que solamente la inscriban en las clases de educación general. Si bien su hija probablemente tenga más cosas en común que diferencias con otros niños, sus problemas de aprendizaje pueden causarle la sensación de ser no sólo diferente, sino inferior.  Entonces, en lugar de enfatizar sus problemas y su necesidad de contar con ayuda especial, manténgala enfocada en sus objetivos específicos de aprendizaje, los pasos que usted delineó para alcanzarlos, su progreso hasta la fecha, y el apoyo que usted y sus profesores pueden brindarle. 

Los niños que van a la escuela media quieren tener algún grado de influencia y control sobre muchos aspectos escolares. Su hija de séptimo grado puede tener como objetivo participar en clases de educación general cuando esté en la escuela secundaria, es decir, abandonar las clases de educación especial o tutorías.  Usted y sus profesores deben ayudar a evaluar esta propuesta en forma realista. Si usted apoya esta idea, hágale saber cuáles son los pasos a seguir y cómo trabajará con ella para alcanzar su objetivo. También es posible que deba adoptar un punto de vista adaptable y flexible para su hija, hablar con ella sobre cómo modificar sus objetivos para que se adapten mejor a sus capacidades.   En ésta y otras formas, usted continúa ofreciéndole una “red de seguridad” de apoyo en la que su hija puede confiar de ser necesario.


Alumnos de escuela secundaria

Los niños de escuela secundaria con frecuencia ignoran o niegan el hecho de que tienen dificultades en el aprendizaje. Esta etapa de rebeldía puede ser la oportunidad perfecta para que su hija desarrolle la capacidad de autodefensa y reafirme un mayor control sobre su vida.  Conocerse a sí misma y ser capaz de transmitir ese conocimiento a los demás, es una gran ventaja. Ayúdela a entender que presentar sus virtudes y sus necesidades educativas en una forma respetuosa y comprensible, puede influir en la forma en que la traten.  Ella debe estar consciente de que, si tiene un PEI o adaptaciones específicas para el aprendizaje, la ley federal de discapacidad está de su lado, y así será durante toda su vida.  

La mayoría de los profesores están dispuestos a hacer adaptaciones para satisfacer las diferentes necesidades de aprendizaje de sus alumnos, si ellos saben lo que puede resultarles útil. Por ejemplo, si el profesor asigna 40 páginas de lectura junto con 20 preguntas de comprensión para el día siguiente, su hija adolescente tiene un par de alternativas:  Se puede sentir abrumada o enojada, o sencillamente ignorar la tarea asignada y recibir una mala calificación.  O puede (respirar profundo y) pensar cuál es la mejor manera de explicarle al profesor su dificultad de aprendizaje, y pedirle una reducción de la tarea o más tiempo para terminarla. Debe hablarle al profesor antes o después de la clase para que pueda concentrarse en lo que le dice.  Con práctica, esas técnicas de autodefensa se convertirán en una rutina.  Quizás nunca sea “fácil” para algunos niños, pero es importante tener como objetivo hablar y estar atento a sus propias necesidades de aprendizaje.

Continúe con el buen trabajo

Al llegar al segundo o tercer año de la escuela secundaria, su hija deberá haber aprendido cómo sus virtudes, talentos y problemas de atención o aprendizaje pueden afectar sus objetivos educativos o laborales. Si fue capaz de ayudarla a desarrollar un panorama realista de sus dificultades y virtudes, a usar enfoques para la resolución de problemas que utilicen sus virtudes para superar sus dificultades, identificar y usar los recursos y la ayuda, y abordar grandes objetivos como una serie de pequeños pasos; ella será capaz de ayudar a planear el camino hacia su incipiente adultez.

E desarrollo de todas estas técnicas se basa en gran parte, en la comunicación continua entre su hija adolescente y los demás adultos que la ayuden en su vida.  Es mucho esfuerzo y es posible que no reciba mucha gratitud a lo largo del camino. Pero al final, su hija mostrará su agradecimiento cuando menos lo espere. Reconocerá sus esfuerzos cuando se gradúe de la escuela secundaria o le diga que usted fue un gran modelo para criar a sus propios hijos. Ya sea con cumplidos o sin ellos, la estará ayudando para que logre lo mejor.

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