Es la primera semana de clases para los alumnos de tercer grado Tomás, Kevin y Andrés. Los tres niños son inteligentes y buenos estudiantes, sin embargo son completamente diferentes en cuanto a su estilo personal y su temperamento.

  • Tomás es un niño extrovertido y amable que se lleva bien con los adultos y con otros niños. Disfruta las nuevas experiencias, se adapta bien a la rutina de las clases y muy pocas veces está enojado o de mal humor; ya no ve la hora de comenzar su nueva clase. 
  • Kevin es reservado y tímido y necesita tiempo para sentirse cómodo cuando se encuentra con personas, lugares o experiencias nuevas. Los primeros días de clase son incómodos, e incluso le provocan miedo. Es reacio a comenzar el nuevo año escolar en una clase nueva.
  • Andrés es muy activo, reacciona con mucha rapidez y es intenso. Tiene dificultades para permanecer sentado y prestar atención en la escuela y muchas veces reacciona exageradamente con sus maestros o compañeros. Recuerda el estrés del año anterior y preferiría quedarse en su casa.

Estas diferencias de temperamento contribuirán a la adaptación y a los logros del niño en la clase, en algunos casos contribuyendo al éxito y felicidad y en otros agregando estrés y problemas.

¿Qué es el temperamento?

El temperamento describe el estilo individual o el “cómo” se comporta un individuo. Estas características se pueden ver en los niños cuando juegan con amigos, cuando hacen la tarea de matemáticas o cuando miran televisión. Todos reconocemos a los niños que “nunca paran” en comparación con los que se mueven a un ritmo lento y pausado. También conocemos a niños que son muy intensos, que tienen un “corto circuito” y que se irritan o enojan con facilidad. También existen niños tímidos, a quienes les preocupan las situaciones nuevas y la gente nueva. Las diferencias de temperamento de estos individuos:

  • tienen un origen biológico
  • aparecen en etapas tempranas de la vida
  • son características de los individuos a largo plazo y en situaciones diferentes

Como se trató en el primer artículo de esta serie, las diferencias de temperamento afectan la manera en que los niños se relacionan con su familia en el hogar. También afectan la manera en que se relacionan en la escuela. Es especialmente importante reconocer las diferencias individuales de temperamento cuando un niño tiene problemas de aprendizaje o de atención, porque los padres y los maestros deben aprender a reconocer las razones de la conducta de sus niños.

Las dimensiones del temperamento (Thomas y Chess)

Los psiquiatras Alexander Thomas y Stella Chess (1977) identificaron nueve dimensiones de temperamento que contribuyen a las interacciones entre los niños y sus padres. Ocho de estas dimensiones son directamente pertinentes a las interacciones entre los estudiantes y los maestros, y contribuyen a la adaptación del estudiante a la escuela. Las ocho dimensiones son:

Dimensiones de temperamento (Thomas y Chess)

  • Umbral sensorial
  • Nivel de actividad
  • Intensidad
  • Adaptabilidad
  • Estado de ánimo
  • Actitud/Retraimiento
  • Persistencia
  • Distracción

Tomás, Kevin y Andrés son ejemplos de tipos de temperamento que Thomas y Chess describen como “Fácil”, “Lento para animarse” y “Difícil”. En términos de temperamento:

  • Niños fáciles, como Tomás, se adaptan fácilmente, tienen un humor positivo y están interesados en experiencias nuevas; se llevan bien con otros y son extrovertidos y amables.
  • Niños lentos para animarse, como Kevin, son característicamente retraídos y negativos cuando se enfrentan con situaciones o gente nuevas; son lentos para adaptarse al cambio, pero con el tiempo se adaptan bien. 
  • Niños difíciles, como Andrés, tienden a ser intensos, lentos para adaptarse, de humor negativo y también responden negativamente a las cosas nuevas.

Cómo puede el temperamento afectar la experiencia escolar de un niño

Los logros en la escuela se relacionan de manera obvia con la capacidad del niño, su motivación, sus experiencias y la calidad de enseñanza que recibe. Los logros también se relacionan con el temperamento. Considere cómo el niño debe adaptarse a una tarea de lectura o de matemáticas, especialmente si la tarea es larga o exigente. El niño debe “calmarse”, concentrar su energía y atención, adaptarse a nuevas directivas, resistir la distracción y empeñarse, incluso cuando la tarea sea aburrida o difícil. En nuestras investigaciones en la UCLA, identificamos dimensiones y factores de temperamento que afectaron el éxito académico del niño en la escuela (Keogh 2003). Lo más importante fue la orientación sobre las tareas, que se relaciona con las dimensiones de nivel de actividad, distracción y persistencia.

Nuestros descubrimientos, al igual que los de otros investigadores, confirman que un niño que obtiene logros es capáz de moderar su actividad física apropiadamente, minimizar distracciones y enfocarse en una tarea, y empeñarse. A los maestros les gustan los estudiantes con estas características y les resulta fácil enseñarles. Los niños con un temperamento menos positivo a veces son vistos por los maestros como difíciles de “enseñar”, que requieren más tiempo del maestro, control y enseñanza.

Es importante notar que un maestro, al igual que sus estudiantes, traen su propio temperamento al aula. Algunos maestros son activos, responden con rapidez, y son intensos. Otros son pausados, tranquilos y reflexivos. Estas diferencias entran en juego en el aula. Las clases se diferencian en cuanto al ritmo de enseñanza, la naturaleza de las interacciones personales y el tono emocional en el aula.

Afortunadamente, en muchos casos la combinación entre estudiantes y maestros es buena, y ambos se sientes cómodos y la vida en el aula es positiva. En algunos casos, sin embargo, la combinación entre el temperamento del maestro y el del niño no es positiva y tanto el estudiante como el maestro se sienten frustrados y tristes. Imagine a Kevin, un niño lento para animarse, en una clase de ritmo rápido, que cambia siempre de aula, donde el maestro muy energético es rápido, intenso y espera respuestas rápidas de los estudiantes. Imagine a Andrés, en una clase de ritmo lento donde el maestro hace hincapié en el orden y el silencio, y las asignaturas duran mucho. La alta actividad, distracción y poco empeño de Andrés aumentan las posibilidades de que tenga problemas.

¿Cómo puede ayudar a su hijo en la escuela al comprender su temperamento?

Cuando los niños están en edad escolar pasan muchas horas en un ambiente alejado de su casa y de sus padres. En la escuela se deben adaptar a nuevas demandas, nuevos adultos y a muchos niños diferentes. Deben aprender a seguir reglas complejas en la clase y en el patio de recreo, y deben aprender que sus deseos y necesidades personales no siempre son una prioridad. Para algunos niños el cambio de la casa a la escuela es fácil y crecen o prosperan. Para otros, la transición no es simple y les resulta difícil adaptarse. Para un niño como Kevin que necesita tiempo para adaptarse, las primeras semanas están frecuentemente llenas de ansiedad y quizás parezca retraído y sin motivación. Para Andrés, las nuevas demandas pueden llevarlo a reaccionar exageradamente, lo que aumenta su intensidad y actividad.

¿Que sabemos sobre el temperamento y los niños con discapacidades de aprendizaje?

Al igual que todos los niños, los niños con dificultades de aprendizaje tienen un temperamento que puede ser fácil, difícil o lento para animarse. Lo importante es separar qué conductas se relacionan con el temperamento y qué conductas indican una discapacidad de aprendizaje o un problema de atención. Debido a que las razones de la conducta de cada niño pueden ser diferentes (Discapacidad de aprendizaje, trastorno de atención con hiperactividad o temperamento) la respuesta a la conducta de cada niño debe ser diferente. Cuando el problema de aprendizaje es causado por una discapacidad como la dislexia, requiere que se empleen estrategias especializadas e intensas de enseñanza a través del tiempo. Sin embargo, muchos problemas de adaptación y falta de logros en la escuela, son el resultado de una mala “combinación” entre el temperamento del niño y su situación escolar y muchos de esos problemas a menudo se resuelven con cambios simples en los programas de enseñanza o en el aula. Por ejemplo, un niño lento para animarse quizás necesite tiempo y ayuda extra para comenzar un proyecto nuevo. Un niño hiperactivo quizás necesite una rutina regular que lo ayude a “calmarse” después del recreo o del almuerzo.

Determinar si un problema de conducta se debe al temperamento o a un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) puede prestarse a confusión. La conductas características del TDAH incluyen mucha actividad, impulsividad y distracción, las mismas conductas que pueden ser expresiones de temperamento. Claramente, estas conductas que reflejan el temperamento del niño pueden superponerse con las que representan el TDAH. Si estas conductas son excesivas y extremas y prácticamente no se ven afectadas por cambios en el ambiente, entonces es posible que no se basen en el temperamento y que por lo tanto requieran una intervención más específica y profunda. Sin embargo, no todos los niños con un temperamento difícil tienen un TDAH y hay diferencias en el temperamento de niños con TDAH. Debido a que las implicancias para el tratamiento difieren, es importante reconocer las causas subyacentes de la conducta.

Cómo puede ayudar a su hijo en la escuela

Como padre, usted conoce a su hijo mejor que nadie. Hay varias maneras de ayudar a su hijo a llevarse bien en la escuela. Ayudar a su hijo a reconocer y comprender su propio temperamento es una buena manera de comenzar. A través de los años ha aprendido cómo su hijo responde a los desafíos, a las nuevas experiencias, a la rutina y a la interacción diaria con otros. También ha aprendido maneras de responder a su estilo individual de conducta. Tomar conciencia del comportamiento propio es el primer paso para modificar la conducta, por lo tanto, use su experiencia para hablar con su hijo sobre su temperamento en el contexto escolar. Ayúdelo a comprender en qué se parecen y en qué se diferencian las expectativas de conducta en la escuela y en el hogar. Ayúdelo a comprender cómo su propio temperamento afecta sus sentimientos y conductas, al igual que el impacto que tiene sobre los demás.

Hable con su hijo intenso, activo y distraído sobre las situaciones escolares que en el pasado le han causado problemas. ¿Se ha involucrado su hijo en peleas a empujones con otros niños durante la fila para ir al recreo? ¿Tuvo problemas para calmarse y trabajar por las mañanas o después del recreo? Discuta sobre otras maneras en que puede manejar situaciones estresantes o exigentes. Identificando juntos cuándo y dónde ocurren los problemas, puede ayudar a su hijo a anticipar y evitar confrontaciones.

Las primeras semanas de clases pueden ser especialmente estresantes para los niños lentos para animarse, al enfrentarse con gente nueva y nuevas demandas. Usted puede ayudar a su hijo a familiarizarse con las rutinas y expectativas de la vida escolar. Si es posible, visite la escuela con su hijo antes del primer día de clase para conocer a los maestros y ver el aula. Es posible que le ayude a su hijo a conocer al maestro y ver el aula, visitar la cafetería, saber cómo encontrar los baños, en otras palabras a sentirse cómodo en su nueva situación. Averigüe si su hijo tiene un amigo que esté en la misma clase. Tener un “compañero” ha demostrado ser muy útil cuando los niños comienzan una clase o escuela nueva. 

Colabore con el maestro de su hijo

Es importante que los maestros reconozcan las diferencias individuales en los temperamentos de los niños para poder manejar la clase. Hable con el maestro sobre el temperamento de su hijo. Reconozca honestamente que él es tímido y lento para animarse, o que tiene mucha energía, es intenso y reacciona exageradamente. Hable sobre cómo su hijo se lleva con la familia y qué respuestas a su conducta han funcionado eficazmente. Aclárele al maestro que usted está listo y dispuesto a trabajar junto con su niño en la casa. Participe de manera cooperativa.

Tanto los padres como los maestros, a menudo atribuyen por error la conducta del niño a su motivación, y comprensiblemente se molestan y se enojan cuando ven la mala conducta como intencional o como algo que los niños pueden cambiar si “tan sólo trataran  de hacerlo”. Cuando los adultos reconocen que la conducta refleja diferencias individuales de temperamento y no de motivación, los ayuda a “transformar” la conducta, piense en la “combinación” entre el niño y la situación y haga los cambios necesarios. Por ejemplo, para evitar problemas, los niños con mucha energía pueden necesitar recreos frecuentes para realizar actividades, como por ejemplo hacer un recado para la maestra o limpiar el pizarrón. Los niños intensos quizás necesiten un recordatorio de que deben hablar en voz normal en lugar de gritar o que deben “contar hasta diez” antes de reaccionar contra otros niños. Los niños lentos para animarse quizás necesiten tiempo y ayuda para comenzar una tarea nueva o recordatorios cuando habrá cambios en su rutina diaria.

Reconocer las diferencias individuales de temperamento lleva a considerar con más cuidado el contexto o situación en que se observó la mala conducta. Pregúntele al maestro qué opina sobre el problema y pídale que identifique en qué momento del día ocurrió el problema, en qué situación, por ejemplo: ¿durante la clase de matemáticas o durante el recreo, o en la cafetería? Anime al maestro para que sea específico al describir la conducta problemática. Comparta con él las experiencias que tiene en casa con su hijo. Cuanto más objetivamente sea descripta la conducta, más información estará disponible para ayudar a su hijo a llevarse bien en clase.

Cuando los padres y maestros transforman su entendimiento sobre la conducta de un niño, también les proporciona una manera para comprender cómo responder a la conducta. Para los maestros puede significar cambiar la organización de la clase, modificar el horario y tiempo de enseñanza, proveer más recreos con actividades y desarrollar una rutina diaria que sea familiar y consecuente, y que dé cabida a las necesidades individuales. Para los padres puede significar modificar la rutina familiar diaria para asegurarse de que el niño esté bien descansado y listo para la escuela, brindar un espacio regular y tranquilo, y tiempo para que el niño haga la tarea, estar disponible para ayudar con la tarea y ayudar al niño a que se entienda a si mismo. Proveer un ambiente que facilite el aprendizaje es importante para todos los niños, pero es especialmente importante para los niños de temperamento difícil o lentos para animarse.

A los maestros les interesa aprender sobre el temperamento, y cómo trabajar con esas diferencias individuales en el aula. Una respuesta común es: “Nunca se me ocurrió analizar la conducta del niño de esa manera”. Comprender el temperamento establece un marco para que tanto los maestros como los padres puedan apoyar al niño para que tenga éxito en la escuela.

Share on Pinterest
There are no images.