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Cuatro maneras de que los niños de segundo grado no dejen de aprender

Enseñe a su hijo que preguntar siempre está bien.

GreatSchools Blog

Por El Equipo de College Bound

Cuando los niños son pequeños hacen las preguntas más inesperadas: ¿Pueden escuchar música los caracoles? ¿Cómo viaja mi voz por el teléfono? ¿De verdad los ciempiés tienen cien pies? Da igual si no sabemos la respuesta, lo importante es que los niños sigan preguntando. ¡Es la única forma de aprender!

Pero a medida que se hacen mayores, a muchos niños les empieza a dar vergüenza hacer preguntas. Como padre, usted puede ayudar a su hijo explicándole que la curiosidad no solo está bien, sino que es clave dentro y fuera de la escuela. Aquí puede leer unas cuantas formas para que su hijo siga haciendo preguntas y aprendiendo cosas nuevas todos los días:

• Aprendan juntos.

Intente responder a cualquier pregunta que le haga su hijo. Si no sabe la respuesta, no tenga miedo de decírselo: “No estoy segura de por qué el cielo es azul. ¡Vamos a averiguarlo!” Utilice estos momentos para descubrir algo nuevo y demostrar a su hijo que también usted sigue aprendiendo.

• Exploren en equipo.

Busque información sobre aquello que no sepa. Si no sabe qué significa una palabra o no recuerda una fecha o un nombre, consulte un diccionario o busque en el internet. Piense en las preguntas de su hijo como un misterio emocionante por resolver o una búsqueda del tesoro. ¡Vamos a encontrar la respuesta!

• Comprendan cosas juntos.

Si tiene un proyecto-- por ejemplo, configurar un teléfono celular nuevo (muchos niños son verdaderos magos cuando se trata de estos aparatos) o armar un juguete-- pida ayuda a su hijo. Miren las instrucciones antes de empezar y pida a su hijo que lea los distintos pasos a medida que los realiza. Esto le enseñará que querer es poder: una actitud resolutiva es fundamental para aprender algo nuevo.

• Hable sobre la importancia de las equivocaciones.

Algunos niños no quieren intentar cosas nuevas o hacer preguntas porque tienen miedo a equivocarse. Hable de sus propios errores (¡y ríase de ellos!) cada vez que se equivoque o se confunda. Así ayudará a su hijo a recordar que todo el mundo se equivoca antes de acertar.

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