In English?

Cuando Maddie, de 14 años, llegó a Capuchino High School en San Bruno, CA, hace dos años, ya se sentía como una marginada. Había fracasado en matemáticas de octavo grado de la escuela secundaria, hablaba muy poco inglés y vivía con sus padres y dos hermanos menores en un apartamento atiborrado que su familia apenas podía pagar. De acuerdo con los patrones de la brecha del rendimiento, que son raza, idioma e ingresos familiares, Maddie estaba condenada al fracaso.

Cuando hablamos sobre la brecha del rendimiento académico, hablamos de niños como Maddie. Niños que ya comienzan rezagados incluso antes de que comience la escuela. Una vez que entran en ella, estos estudiantes se van rezagando más y más. ¿Por qué? Porque no reciben oportunidades educativas: clases de apoyo, visitas a museos, un vocabulario adecuado, las mejores escuelas y maestros; oportunidades que disfrutan sus compañeros más privilegiados. En el séptimo país más rico del mundo, la disparidad persistente en el rendimiento académico entre niños de diferentes grupos socioeconómicos y raciales ha sido un asunto delicado, una fuente de debate y preocupación, y una desgracia nacional durante los últimos 50 años.

Aunque se mide y se cita con frecuencia usando calificaciones de exámenes, la brecha del rendimiento se extiende mucho más allá de los resultados de las pruebas anuales estandarizadas. La brecha se ve en el número de palabras que un niño sabe el primer día que acude al jardín de infancia, en el número de niños que están siendo suspendidos y expulsados de la escuela, en el número de estudiantes que consiguen notas honoríficas y cursos AP, en el número de estudiantes que se gradúan de la escuela secundaria, en el número de estudiantes de escuela secundaria superior admitidos en la universidad, en el número de estudiantes universitarios obligados a asistir a clases de recuperación y en el número de esos estudiantes universitarios que al final obtendrán un título; pero no termina ahí. La brecha en el rendimiento académico predice brechas en lo que los investigadores llaman “resultados de la vida”: salud a largo plazo, ingresos, empleo y tasas de encarcelamiento.

El papel de la educación en los Estados Unidos

En los Estados Unidos, la educación no solo es valiosa, sino que es el único camino hacia la igualdad económica. La vasta mayoría de los estudiantes de color, de familias con bajos ingresos y cuya lengua materna no es el inglés, para tener éxito en la vida necesitarán un diploma de bachillerato más una educación postsecundaria que les prepare para una carrera universitaria, en lugar de un trabajo. Pero comenzando con la palabra brecha antes de los 5 años, la brecha de graduación de bachillerato, la brecha de admisión en la universidad, hasta la brecha de la graduación en la universidad, las estadísticas y la investigación predicen un duro camino para los niños como Maddie, porque las bajas notas en los exámenes de octavo grado llevan, casi con toda seguridad, a que ella necesite recibir clases de recuperación de matemáticas en la universidad, si es que consigue llegar a ella. Y sin la universidad, los niños como Maddie se enfrentan a un futuro con pocas perspectivas, como trabajos de bajos ingresos en el sector de servicios.

Multitud de estudios ha dejado claro que el rendimiento educativo es clave para el éxito económico a largo plazo. En pocas palabras, si uno tiene algún tipo de educación universitaria, a lo largo de la vida ganará un promedio de un 50 por ciento más que alguien que solo tiene un diploma de bachillerato, y dos veces más que alguien que abandone la escuela secundaria. Eso se traduce en la diferencia entre poder comprar una casa o no, poder pagar “gastos extras” para sus hijos (como tutores o clases de apoyo) y poder ayudar a sus hijos a entrar en la universidad.

Hay muchas formas de medir la brecha de rendimiento

Aunque las calificaciones de los exámenes son la forma más común de documentar la brecha en el rendimiento, también aparecen disparidades evidentes en otras áreas de la vida escolar. ¿Quién está consiguiendo A y quién está consiguiendo F? ¿Quién tiene un registro perfecto de asistencia y quién ha perdido 10 días de clase en el mes de noviembre? ¿Cuáles son los grupos con mayor probabilidad de graduarse con el 100 por cien y cuáles tienen más probabilidades de partir antes de llegar al último año? ¿Y qué porcentaje de estudiantes en cada grupo llega a la universidad?

Desglosando la brecha del rendimiento por grupo

Aunque la mayoría de las personas habla de la brecha del rendimiento como si fuese una sola cosa, en realidad esta abarca muchas comparaciones entre muchos grupos diferentes.

La brecha entre blancos y Afroamericanos

Aunque la brecha entre las calificaciones escolares de los estudiantes afroamericanos y los estudiantes blancos se redujo hasta en seis puntos entre 1990 y 2013, la brecha sigue siendo enorme. Los estudiantes de cuarto grado de raza blanca obtienen 26 puntos más en matemáticas y lectura. En octavo grado las notas de lectura difieren en 30 puntos y las calificaciones de matemáticas en 32.

¿Pero qué significan estos números para los estudiantes Afroamericanos?

  • Una diferencia de 30 puntos representa dos cosas. En cuarto grado, los estudiantes que obtienen una calificación entre las más altas obtendrían una A o una A-, pero los estudiantes que obtienen 30 puntos menos posiblemente consigan una D o una F en la escuela. Si persiste la brecha en las calificaciones hasta la escuela secundaria, eso significa que los estudiantes estarán rezagados entre dos y cuatro años en la escuela. Las investigaciones demuestran que en el momento de la graduación de bachillerato, muchos de estos estudiantes negros se encuentran en el mismo lugar en el que estaban sus compañeros blancos en octavo grado.
  • Los estudiantes afroamericanos tienen tres veces más probabilidades de ser colocados en programas de educación especial que los estudiantes blancos, y tienen la mitad de probabilidades de estar en programas para alumnos talentosos en la escuela primaria y la escuela secundaria, según afirma un artículo de la Universidad de Columbia.
  • Estas notas se correlacionan con tasas de abandono más altas: en 2012, solo el 68 por ciento de los estudiantes negros obtuvieron diplomas regulares de escuela secundaria, comparado con un 85 por ciento de los estudiantes blancos.
  • Una diferencia de 26 puntos en las calificaciones de los exámenes corresponde a una brecha significativa en los ingresos. Los ingresos medios para negros en 2011 eran aproximadamente de $32.200, mientras que para los blancos eran de $55.400.

La brecha entre blancos e Hispanos

Teniendo en cuenta que algunos estudiantes hispanos todavía están aprendiendo inglés, no es sorpresa que exista una brecha de lectura entre los estudiantes blancos y los hispanos. Pero la brecha es incluso mucho más amplia. El aspecto positivo es que la brecha en las notas de lectura entre los estudiantes de cuarto grado blancos e hispanos disminuyó significativamente entre 1994 y 2013, de una diferencia de 36 puntos a una diferencia de 25 puntos. Sin embargo, si la brecha en las calificaciones persiste hasta la graduación de bachillerato, esos 25 puntos equivalen de dos a cuatro años de escuela. En términos académicos, eso significa que los estudiantes hispanos de decimosegundo grado se encuentran en el lugar en el que estaban sus compañeros blancos hace dos o cuatro años atrás. Esta discordancia corresponde a una tasa de abandono mayor y a unos ingresos futuros menores.

Las estadísticas de la brecha del rendimiento afectan a los estudiantes Hispanos

  • La brecha en las calificaciones de matemáticas de cuarto grado ha oscilado 19 puntos entre 1992 y 2013.
  • La brecha en las calificaciones de matemáticas de octavo grado se ha reducido de una diferencia de 31 puntos en 2000 hasta una diferencia de 22 puntos en 2013.
  • La brecha en las notas de lectura de octavo grado era de 26 puntos en 1992, pero ahora se ha reducido a 21 puntos.

La brecha entre los estudiantes que aprenden inglés (ELL por sus siglas en inglés) y los estudiantes que hablan inglés

Desde 2000 hasta 2010, más de la mitad del aumento de la población total en los Estados Unidos –más de 15 millones de personas– eran hispanos. A nivel nacional, alrededor de 25 por ciento de nuestros estudiantes de escuelas públicas son de origen latino y en algunos estados fronterizos, tales como California y Texas, más del 50 por ciento de los estudiantes son hispanos. A lo largo y ancho del país, las escuelas tienen un número cada vez mayor de estudiantes que son inmigrantes recientes. Las Escuelas Públicas de Omaha en Nebraska, por ejemplo, tienen más de 2.000 estudiantes que hablan alrededor de 115 idiomas diferentes. No es sorprendente que la brecha en el rendimiento entre los ELLs y sus compañeros de habla inglesa sea enorme.

No es solo un problema de lectura: la brecha entre estudiantes que aprenden inglés y estudiantes de habla inglesa

  • En 2013, los estudiantes ELL sacaron 24,7 puntos menos que sus compañeros de habla inglesa en el examen de matemáticas de cuarto grado, y 38,5 puntos menos en el examen de lectura de cuarto grado, una brecha enorme.
  • En octavo grado, los estudiantes ELL sacaron 41 puntos menos en matemáticas y 44,6 puntos menos en lectura.

Las calificaciones más bajas en los exámenes estandarizados hasta octavo grado con frecuencia significan que los hispanos y otras minorías no son aptos para matricularse en las clases de escuela secundaria, dichas clases los prepararán para la universidad. Los expertos ven esto como uno de los motivos por los cuales los estudiantes hispanos asisten a institutos universitarios de cuatro años en una tasa inferior que sus compañeros blancos. No tener un título de licenciado podría ser la diferencia entre un trabajo como almacenador de una tienda de comestibles y una carrera como técnico IT.

La brecha entre los blancos y los Asiáticos/nativos de las islas del Pacífico

¿Quién no ha leído acerca de las “madres tigre”, llamadas así por su concentración estilo rayo láser cuando se trata del rendimiento de sus hijos, y su involucramiento extremo en el mismo? La verdad es que sí parece un método exitoso cuando se trata de reducir las brechas de rendimiento. La mentalidad de la “madre tigre”, que con frecuencia está acompañada por fuertes lazos familiares, un énfasis en el trabajo duro y un énfasis cultural a largo plazo en la educación, han impulsado a los asiático-americanos a superar en rendimiento a todos los estudiantes, incluso a los estudiantes blancos.

Este mega grupo, definido como personas con orígenes ancestrales del lejano Oriente, el sudeste asiático o el subcontinente indio (asiáticos), o Hawaii, Guam, Samoa u otras islas del Pacífico (isleños del Pacífico), está consiguiendo calificaciones A+, mientras que sus compañeros blancos están consiguiendo un nivel entre A- y B+. Los estudiantes de Asia/islas del Pacífico tienen más probabilidades de obtener un PhD, que les conducirá a trabajos de elevadas destrezas como CEO corporativos, médicos, abogados y profesores. Sus homólogos blancos tienen menos probabilidades de obtener esos títulos avanzados. Con títulos de licenciado, asociado o bachillerato, los estudiantes blancos tienen más probabilidades de conseguir trabajos que van desde los administrativos hasta gerencia media. En 2011, los ingresos medios de los blancos eran de aproximadamente $55.400, mientras que los ingresos medios de los asiático-americanos eran de $65.100.

Estadísticas de rendimiento para los estudiantes de Asia/islas del Pacífico

  • En 2013, las calificaciones estandarizadas de los exámenes de los estudiantes de Asia/islas del Pacífico superaron a las de los blancos en 8 puntos en matemáticas de cuarto grado y 3 puntos en lectura de cuarto grado.
  • Las cifras para matemáticas de octavo grado apuntan a una brecha todavía mayor: los estudiantes blancos estaban 5 puntos por detrás de sus homólogos de Asia/islas del Pacífico en el año 2000; en 2013, estaban 12 puntos por detrás.
  • El panorama para lectura de octavo grado es un poco más complicado: En 1992, los estudiantes blancos estaban detrás por un punto; en 2003, los estudiantes blancos estaban adelantados por 6 puntos; más recientemente, en 2013, los estudiantes de Asia/islas del Pacífico superaron a los estudiantes blancos por 4 puntos.

De qué forma la brecha de ingresos se convierte en la brecha de rendimiento

La Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP por sus siglas en inglés) compara las calificaciones de los exámenes de estudiantes de hogares con bajos ingresos y los de hogares más acaudalados utilizando datos del Programa Nacional para el Almuerzo Escolar (NSLP por sus siglas en inglés). Es un paso en la dirección correcta, pero no es suficiente porque los datos de NSLP no distinguen entre el veinte por ciento de los estudiantes que vive por debajo del umbral de la pobreza y aquellos cuyas familias se consideran de bajos ingresos, pero que no viven en la pobreza. Por ejemplo, una familia sin techo con un solo padre enfrenta desafíos más extremos que una familia de cuatro miembros donde ambos padres están trabajando, pero que solo ganan $2.600 cada mes. Ambas familias son aptas para almuerzos gratis, y así se agrupan en los datos NSLP.

Incluso así, se muestra una imagen desoladora de la brecha de rendimiento económica. Año tras año, los estudiantes en desventaja económica obtienen calificaciones significativamente por debajo de los estudiantes de familias con una renta media o por encima de la media. Desde 2003, ha crecido la diferencia en las calificaciones de los exámenes entre niños de familias acomodadas y niños de familias de ingresos medios y bajos. Y no se trata solo de los exámenes estandarizados; los resultados en las pruebas SAT, que se usan para entrar en la universidad, pueden representarse constantemente en una línea paralela a los ingresos de los padres. Los informes revelan que cuanto mayor sean los ingresos familiares, más altas serán las notas en las pruebas SAT. Si bien los estudiantes pobres cada vez se están graduando más de la universidad, no pueden seguir el ritmo a los índices de graduación en la universidad de los hijos de los estadounidenses más acaudalados, según el informe del sociólogo Sean Reardon, de Stanford, en su investigación de 2011.

Detalles de la brecha de rendimiento económico

  • En las pruebas de matemáticas de cuarto grado, los estudiantes aptos para NSLP obtuvieron 23 puntos menos que sus homólogos no aptos entre 2003 y 2013. En lectura, hubo una diferencia de 29 puntos que no ha cambiado.
  • En los exámenes de matemáticas de octavo grado, la brecha de 28 puntos en 2003 disminuyó en un solo punto, hasta 27, en 2013.
  • En lectura de octavo grado, hubo una brecha de 25 puntos en las calificaciones de 2003 entre niños aptos para NSLP y sus homólogos no aptos; en 2013, la diferencia fue de 24 puntos, que, de forma característica, no supuso ningún cambio.

¿Qué significan estos factores para los estudiantes con desventajas económicas?

La diferencia de 29 puntos en las calificaciones de lectura de cuarto grado significa la diferencia entre sacar A o A- y D o F. Pero el problema se agrava a partir de ahí. Sin una base sólida en lectura, los estudiantes no podrán tener un buen rendimiento en ciencias sociales, ciencias naturales o cualquier otra clase porque siempre habrá lecturas que hacer. Sin mejorar las habilidades en la lectura, estos estudiantes quedarán más y más rezagados dentro y fuera de la escuela. En 2009, estos estudiantes abandonaron el bachillerato casi cinco veces más que los estudiantes de familias de ingresos elevados. Para aquellos que lo logran, la brecha persistente de 29 puntos en las calificaciones de los exámenes con el tiempo es equivalente a estudiantes que están de dos a cuatro años de escuela por detrás de sus compañeros más acaudalados.

¿Se está reduciendo la brecha del rendimiento?

Está claro que la disparidad en el rendimiento entre los ELLs y sus homólogos de habla inglesa es por mucho la brecha más grande. Pero la brecha entre los estudiantes de familias de bajos ingresos y familias más ricas continúa creciendo. Entre los estudiantes negros y latinos y sus homólogos de raza blanca, la brecha de rendimiento se ha reducido, pero todavía es amplia.

A este ritmo, no vemos que sea posible tener calificaciones igualitarias a corto plazo y resultados justos a largo plazo. Por eso la brecha de rendimiento ha sido llamada con justicia “el problema de los derechos civiles de nuestra era”. Está afectando las perspectivas y la felicidad de las familias, comunidades y la nación entera.

Dar la batalla a la brecha de rendimiento requerirá que los padres, maestros y mentores se involucren de forma diligente, así como una gran cantidad de trabajo por parte de los estudiantes. Mucho antes de que se produzca un cambio generalizado de gran alcance a nivel nacional, las comunidades actuarán y los individuos alcanzarán el éxito con gran esfuerzo, o este éxito no tendrá lugar.

Maddie, la estudiante de Capuchino High School, está, contra todos los pronósticos, reduciendo la brecha. Ella fue colocada rápidamente en una clase de apoyo en álgebra durante su primer año de escuela secundaria y recibió una ayuda extra en su inglés. En su tercer año de secundaria, ya tenía fluidez en inglés y se matriculó en Álgebra 2, junto con tres clases de Bachillerato Internacional: IB Historia, IB Biología e IB Español. Durante el verano, esta ambiciosa joven fue admitida para hacer sus prácticas en un hospital local y organizó el grupo “Relay for Life” (Carrera por la Vida). Stanford es la escuela de sus sueños, a la que quiere entrar en el campo de la salud. La raza, los ingresos de los padres y el inglés como segundo idioma no solo constituyen obstáculos, son brechas de rendimiento, que ella está tratando de superar. Ella ha arrancado con ventaja.

Share on Pinterest