Cada vez escuchamos hablar más sobre la intimidación en las noticias. Quizás también lo escuche en la escuela de su hijo. Aunque la intimidación se ha convertido en un problema nacional, muchas veces los padres no saben cómo enfrentar la situación cuando su hijo es la víctima– o cuando es quien intimida y molesta a otros.

¿Y qué podemos hacer los padres? ¿A qué signos debemos estar atentos? Aquí tiene diez mitos– y otras tantas verdades– que pueden ayudarle si tiene que enfrentarse con este tipo de problemas:

Mito #1: Si estuvieran intimidando a su hijo, usted ya lo sabría.

Que su hijo no le diga que hay niños que le intimidan no quiere decir que no esté ocurriendo. En 2007 casi una tercera parte de los estudiantes de primaria y secundaria admitían ser víctimas de intimidaciones en la escuela. Y esos solo son los que lo reconocían. Muchos niños no dicen nada porque piensan que solo conseguirán que les molesten más– o creen que existe un código no escrito que les impide contarlo.

Si nota que su hijo regresa a casa con la ropa rasgada; si protesta porque no quiere ir a la escuela; si tiene moretones, cortes o arañazos que no sabe explicar; o si parece deprimido y aislado socialmente, todos estos son signos de intimidaciones. Si sospecha que están intimidando o molestando a su hijo, siga hablando con él y acuda a la escuela en busca de ayuda. Hable con la maestra de su hijo, un administrador de la escuela o un consejero y pregúnteles si han notado algo. En caso afirmativo, colabore con ellos para resolver el problema cuanto antes.

Mito #2: Las intimidaciones siempre son físicas.

La intimidación ocurre cuando un niño molesta o acosa sistemáticamente a otro. Puede incluir intimidaciones verbales, como insultos, burlas o amenazas; o abusos físicos, como puñetazos, empujones, golpes y escupitajos. También puede ser electrónico, a través de mensajes de texto y el internet. Y hay una zona borrosa. ¿Hay intimidación cuando algún niño es excluido de un juego? No necesariamente, pero si a su hijo le ocurre de forma habitual, no dude en hablar con la maestra. (Puede encontrar más detalles sobre intimidación e intimidadores en Olweus Bullying Prevention Program.) 

Mito #3: Devuelve el golpe para resolver el problema.

Muchos niños creen (sobre todo si se lo dicen sus padres) que devolver el golpe es la mejor forma de acabar con las intimidaciones. Y aunque hacerlo puede producir una satisfacción momentánea, a menudo conduce a más peleas y empeora la situación. En su lugar, dígale a su hijo:

  • Cuéntaselo a un adulto. Asegúrese de que su hijo sabe que debe contarle lo que ocurre a un adulto, ya sea usted, la maestra o un consejero escolar.
  • No reacciones. Anime a su hijo a no llorar, pararse cuando camina, ni reaccionar de modo alguno ante la presencia del intimidador. Si su hijo responde, estará dando al intimidador lo que busca. Si lo ignora, conseguirá que termine pareciendo ridículo.

Mito #4: Los intimidadores son los niños más populares de la escuela.

Algunas veces es cierto, pero a menudo los niños que molestan e intimidan son víctimas de algún abuso o están atravesando problemas difíciles en casa, como violencia o un divorcio. Esto hace que se sientan desvalidos. Muchas veces los niños que intimidan no tienen poder alguno en sus vidas. ¿Y qué hacen? Conseguir poder de la única forma que saben. También es posible que los intimidadores tengan dificultades de aprendizaje que se afectan a la capacidad de controlar sus acciones.

En cualquier caso, el niño que intimida siente falta de control en su vida. La gente que sufre hace sufrir.

Los administradores de la escuela que entienden estas causas pueden enfrentar el problema y ayudar a solucionarlo hablando tanto con los intimidadores como con sus víctimas.

Mito #5: Los padres de los intimidadores no tienen responsabilidad alguna.

Los padres a menudo ignoran a los comportamientos intimidadores de sus hijos y no les enseñan a respetar las diferencias de cada persona. Si los padres hablan despectivamente de otros grupos de personas o cuentan chistes racistas, sexistas u homofóbicos, el mensaje que están enviando es: “No todos somos iguales porque algunos somos mejores que otros”. Así que preste atención a lo que dice en casa y cómo podría influir el comportamiento de su hijo en la escuela.

Mito #6: Si su hijo es la víctima, llame a los padres del intimidador.

Los expertos dicen que los padres de los niños que sufran intimidaciones no deben ponerse en contacto con los padres del intimidador. La situación, que ya es difícil y emotiva, muchas veces empeora cuando los padres intentan resolverla. En su lugar, empiece por la escuela. La mayoría de escuelas tienen una política contra las intimidaciones que establece qué medidas tomar con los intimidadores. Hable con la maestra y el director en primer lugar. Después colaboren juntos para decidir los pasos siguientes.

Mito #7: Los niños tienen más posibilidades de ser intimidados.

En una encuesta de 2007 casi el 34% de las niñas admitían haber sido intimidadas (comparado con 31% entre los niños). Mientras que los niños normalmente intimidan de forma física, el estilo de las niñas suele ser más indirecto. Ellas intimidan haciendo la vida de sus víctimas difícil y excluyéndolas de los juegos y los grupos sociales de la escuela. También pueden extender rumores que sean dolorosos o vergonzosos para la víctima.

Como extender un rumor o hacer amenazas es facilísimo, las intimidaciones de las niñas pueden hacer mucho daño sin pistas físicas que los padres puedan ver. Si su hija parece triste, deprimida o malhumorada y no quiere ir a la escuela, hable con ella sobre la intimidación y las intimidadoras.

Mito #8: Las intimidaciones en el internet empiezan en el internet.

La realidad es que la mayoría de las intimidaciones empiezan con los intimidadores actuando cara a cara. Más adelante se convierte en “ciber-intimidación”– a través de mensajes de texto, redes sociales y YouTube— que puede hacer que el acoso y la humillación sean aún más dolorosos. Como hemos visto en las noticias, ha habido docenas de niños que se han suicidado después de haber sufrido estas burlas. Haga todo lo posible por poner fin a las intimidaciones antes de que lleguen al internet. ¿Y qué puede hacer si su hijo ya sufre este tipo de acoso? ¡Tómeselo en serio! Informe a la escuela, y si ha habido amenazas físicas, haga copias de los mensajes y entréguelas a la policía. También pídale a su hijo que le cuente si sabe de algún niño que esté sufriendo intimidaciones o burlas en el internet.

Mito #9: Los padres no son quienes antes y mejor pueden ayudar a un niño intimidado.

Los expertos dicen que demasiados padres no se toman a sus hijos en serio cuando estos les dicen que les están intimidando o molestando. A veces tampoco los maestros y demás personal de la escuela los escuchan. De nuevo, tómese las intimidaciones en serio, Para empezar, si observa o escucha que su hijo está molestando a otros niños, tome medidas.

Si su hijo es la víctima, recuerde que necesita todo el apoyo que le pueda dar. Las víctimas de abusos habituales suelen tener la autoestima baja y se sienten desvalidos. Necesitan escuchar que no es su culpa, que el problema no empezó con ellos. No son ellos quienes están trastornados, es el intimidador.

Mito #10: Las escuelas no son responsables de las intimidaciones.

La intimidación y el acoso en la escuela se han convertido en un problema nacional de tal magnitud que 45 estados han aprobado leyes para atajarla. Estas leyes obligan a las escuelas a actuar cuando reciben información sobre un acto de intimidación.

Aún así, quedan escuelas que no se toman el asunto en serio. Si le preocupan las intimidaciones en la escuela de su hijo, comprueba que tienen una política para combatirla. Si no sabe cuál es la política de su escuela, hable con la administración o búsquela en su página web. Haga saber a la escuela que la seguridad de su hijo es importante para usted.

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