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Como muchos residentes de la Bay Area, Sara Noriega Díaz comienza su día con una hora estresante de conducción en el tráfico matinal atestado. Se levanta antes del amanecer, se apresura a prepararse, desayuna, y luego se arma de valor para navegar el tráfico congestionado de varias ciudades. A diferencia de la mayoría de los que conducen en la Bay Area, ella no se dirige al trabajo. Se dirige a la escuela intermedia.

Sara, de 13 años, asiste a la KIPP Bayview Academy en San Francisco, a unas 25 millas de su casa en la península. Aunque la mayoría de estudiantes aún asiste a escuelas próximas a sus casas, Sara se encuentra entre un número creciente de estudiantes del país que viajan a vecindarios, ciudades e incluso distritos lejanos para ir a escuelas que sus familiares esperan servirán bien a sus necesidades escolares.

Una tendencia creciente

Según un estudio de la Universidad de John Hopkins publicado en 2015, casi el 30 por ciento de los estudiantes entrantes de secundaria de Chicago que viven en áreas desfavorecidas viajan a una escuela autónoma o escuela pública de inscripción abierta.

No es raro que los jóvenes neoyorquinos tomen el metro haciendo múltiples trasbordos para ir a la escuela de su elección. Para usar esta hora o estas dos horas de viaje productivamente, estos niños hacen los deberes en el tren.

Por todo el país, el movimiento de elección escolar que anima a las familias a seleccionar la mejor escuela para sus hijos, sin importar dónde se encuentre, también presenta retos de transporte. La mayoría de escuelas no ofrecen servicios de bus, y compartir un vehículo puede ser difícil de coordinar. En muchos casos, el transporte público disponible no ofrece conexiones directas a las escuelas, así que los estudiantes tienen que caminar o compartir vehículos además de usar el transporte público. Finalmente, el coste de tomar el autobús o el metro puede ser caro para las familias de escasos medios que, según el estudio, tienen más probabilidades de aprovechar esta opción.

Para la madre de Sara, Teresa Díaz, la decisión de enfrentarse a las carreteras de la atestada Bay Area y llevar a su hija a la escuela cada día no fue fácil. El trabajo de su marido no le permitía ayudarle. Los gastos extras eran abrumadores. Significaba comprar un carro más fiable para las casi 100 millas diarias que tenía que recorrer. En ese momento, los precios de la gasolina estaban subiendo cerca de los $4 el galón. Pero Díaz se sentía empujada por las circunstancias. Las escuelas de fácil acceso para su hija no proporcionaban una educación de alta calidad y de preparación universitaria para latinos.

Altas puntuaciones – pero no para mi hija

La madre de Sara descartó La Entrada y Hillview, las dos escuelas intermedias públicas mejor clasificadas. Ambas escuelas tienen una puntuación total de GreatSchools de 10, pero cuando se mide el éxito de sus estudiantes de bajos ingresos, sus puntuaciones bajan a 6 y 5 respectivamente. Basándose en sus experiencias con sus hijos mayores, Díaz sabía que la reputación general de una escuela puede ser engañosa. Cuando sus otros hijos fueron a escuelas primarias públicas, se encontró con profesores indiferentes y administradores que no hicieron caso a sus preocupaciones sobre asuntos académicos y de acoso escolar.

Díaz tenía grandes esperanzas en la nueva escuela autónoma de Redwood City que Sara empezó a atender en el sexto grado. Pero durante ese primer año, los buenos profesores renunciaron, solo para ser reemplazados por una oleada de sustitutos, y el director fue reemplazado a mitad del curso. Tras un mes de asistir al séptimo grado, cuando los profesores de matemáticas y de ciencias renunciaron, Díaz perdió la fe en la escuela y decidió no correr más riesgos en la educación de su hija.

“Sara tiene mucho potencial. Me entristecería mucho si no tuviera una buena experiencia educativa,” dice Díaz.

Al final, Díaz decidió que el mejor lugar para su hija sería una de las escuelas KIPP, escuelas autónomas conocidas por sus programas académicos rigurosos y su intenso enfoque en la preparación universitaria. Pero ninguna de las escuelas KIPP más cercanas tenía plazas disponibles para estudiantes de séptimo grado, así que Díaz de mala gana decidió cambiar la vida de su familia y añadir un par de horas de conducción a sus días.

Una bendición y una maldición

Díaz y su hija sienten los efectos de los largos recorridos matinales. Tres incorporaciones a autopistas entre su casa y la KIPP Bayview Academy a veces les retrasan. Normalmente llegan a las 7:30 a.m., cuando la escuela abre las puertas a sus estudiantes. Desde allí, Díaz tiene solo una hora para llegar a Palo Alto y comenzar su turno de mantenimiento hotelero a las 8:30 a.m. Por la tarde, Díaz conduce una hora de vuelta a San Francisco para recoger a su hija y otros 45 minutos para llegar a casa, dependiendo del tráfico.

Aun así, para Díaz, la educación que Sara recibe vale la pena el sacrificio. Como muchas familias que intentan encontrar las mejores opciones educativas para sus hijos, Díaz, que completó el noveno grado y algunos cursos de entrenamiento técnico, piensa que una carrera universitaria le dará a su hija la oportunidad que ella no tuvo de convertirse en profesional. Además de un fuerte plan de estudios, a Díaz le gusta que KIPP ofrece apoyo en informática, deportes y música. Sara incluso se ha incorporado a baloncesto y violín desde que empezó en la Bayview Academy. Además, dice Díaz, el trayecto tiene otros beneficios.

“Aunque es estresante porque lo hacemos a contrarreloj, es una regalo para mí poder pasar tiempo con mi hija cada día,” dice Díaz. En la carretera, a veces discuten noticias de actualidad en la radio o simplemente comparten lo que está pasando en sus vidas. Otras veces, se relajan y escuchan música.

A Díaz también le gusta que KIPP anima y guía a sus estudiantes a que se hagan cargo de su propia educación — lo cual parece estar dando resultado. A medida que se acerca al noveno grado, Sara está planeando acceder a una buena escuela privada. Está estudiando para el Examen de Acceso a Escuelas Independientes (ISEE), requerido por las escuelas privadas, y tiene planeado solicitar admisión a escuelas secundarias más cercanas a casa. Estuvo leyendo un libro de preparación para el examen en la biblioteca y, con la dirección de sus profesores, está estudiando y llenando todas las solicitudes ella misma.

“KIPP motiva a los niños. Les ayudan a encontrar sus puntos fuertes y a desarrollarlos. En una escuela de distrito sé que Sara estaría muy motivada, pero puede ser que no tenga la misma ayuda,” dice Díaz.

Autopista académica, baches sociales

Aun así, la carretera a la escuela remota tiene sus baches. Desde que se cambió, Sara dice que le ha costado hacer amistades. Es duro pasar tiempo con sus amigos en KIPP fuera de la escuela y sólo ve a sus amigos del barrio los fines de semana.

“Es duro porque vivimos lejos y mi madre tiene cosas que hacer durante los fines de semana, así que es difícil para ella llevarme de un sitio a otro como hace durante la semana,” dice Sara. Aun así, al igual que su madre, ella no se arrepiente. “Era duro para mí al principio, pero me di cuenta de que iba a ser beneficioso para mi educación, y para acceder a la universidad, que es mi meta definitiva.”

¿Está considerando conducir a la escuela?

Si está considerando la distancia a la que se compromete a viajar para que su hijo obtenga una educación, vale la pena pensar en algunas preguntas.

  • ¿Cómo afectará a los niveles de estrés y al tiempo que pasan juntos como familia?
  • ¿Cómo se sentirá si desperdicia esta oportunidad? ¿Hay otra opción escolar? ¿Sobrepasan las ventajas de la escuela las desventajas del trayecto?
  • ¿Cómo afectará el trayecto que debe recorrer al desarrollo social y emocional de su hijo y a sus amistades?
  • ¿Se sentirá su hijo como que no tiene el tiempo suficiente para acabar los deberes o participar en otras actividades? ¿Será posible para él participar en actividades escolares extracurriculares?
  • ¿Hay opciones disponibles de compartir trayectos que valen la pena explorar antes de tomar una decisión?
  • ¿Considera esto una solución temporal o a largo plazo? (Puede que sea más fácil hacerle frente con una fecha límite.)
  • ¿Cuáles son los costes estimados a largo plazo?
  • ¿En vez de los viajes, hay algo que usted pueda hacer para mejorar las escuelas locales para sus hijos y para niños como los suyos?
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