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354. Esa es la cantidad de fotos que mi hija de 15 años y su mejor amiga tomaron mientras pasábamos el primer fin de semana del verano en la playa. Cuando no estaban tomando selfies y fotos de puestas de sol con sus teléfonos, estaban hablando sobre dónde y cómo compartirían esas fotos con sus seguidores. ¿Las publicarían en Instagram? ¿Grabarían un video para Snapchat? No dije nada mientras veía a estas hermosas adolescentes documentar su experiencia (casi cada momento de su día y noche). Sin embargo, en silencio, me preocupaba que les importara más alardear virtualmente que disfrutar de sus verdaderas vacaciones.

La revolución digital ha transformado la infancia. Como psicóloga infantil y autora, estudio y escribo sobre cómo los medios afectan a los niños. La buena noticia es que, hasta ahora, la mayoría de las investigaciones manifiestan que los niños están haciendo lo que siempre han hecho: usar las relaciones con sus amigos como un espejo para formar su identidad. La única diferencia es que la tecnología del siglo XXI amplifica estos deseos y necesidades normales del desarrollo. Si bien los amigos siempre han sido cruciales durante la adolescencia temprana, hoy en día, gracias al Internet y la comunicación móvil, los adolescentes tienen acceso a las opiniones de sus amigos a toda hora, en todo momento.

Entonces, en lugar de desarrollar sus identidades con chismes en los pasillos de las escuelas y participando en la obra de teatro de la escuela, los niños de hoy lo hacen publicando fotos y videos en línea ante una audiencia de cientos de sus seguidores, a muchos de los cuales nunca han conocido. Cuando nosotros estábamos creciendo, teníamos que adivinar nuestro estatus social en función del comportamiento de las personas que conocíamos en el mundo físico (¿Por qué me miró de esa forma? ¿Por qué no me sacó a bailar?), pero ahora los niños pueden medir qué comportamiento trae popularidad a través de “me gusta”, comentarios y publicaciones compartidas. Esto lleva a algunos adolescentes a enfocarse casi de forma obsesiva en compartir cada momento de sus vidas en las redes sociales.

Después de que mi hija y su amiga publicaron sus fotos, esperaron a que aparecieran los “me gusta”. Mi hija incluso me pidió que diera “me gusta” a su nueva foto de perfil de Facebook, aunque se me prohibió hacer comentarios. Cuando le pregunté por qué le importaba tanto, me miró con detenimiento como si yo fuera una idiota. Más “me gusta” significa más popularidad, explicó. Cuanto más cambian las cosas, más se mantienen igual.

Todavía no sabemos cómo estas herramientas, que permiten a los adolescentes pasar un tiempo desmesurado centrados en sí mismos, afectarán a su generación. Pero ya parecen estar remodelando la dinámica familiar e influyendo en las formas en que nos comunicamos.

La tecnología móvil y muchas opciones significan que cada miembro de la familia puede disfrutar de sus propios programas en la privacidad de sus habitaciones. Cuando era niña, teníamos un televisor, sin DVR y solo podíamos ver unos pocos canales. Entonces la familia tenía que reunirse en la misma habitación, al mismo tiempo y negociar lo que veríamos juntos.

Este cambio hacia el tiempo de pantalla personalizado podría estar afectando el desarrollo de nuestros hijos de varias maneras. Los niños están expuestos a menos variedad, ya que siempre pueden elegir lo que quieren ver y la mayoría de las plataformas ofrecen opciones similares a las que han visto en el pasado. Y cuando ven sus programas solos, pierden el beneficio de la perspectiva de los padres sobre las historias. También significa que las familias y los amigos ya no están en las mismas habitaciones y se pierde un cierto sentido de comunidad.

Además, debido a que es tan fácil comunicarse por texto, probablemente pasamos menos tiempo mirándonos cara a cara. Por lo tanto, los niños y adolescentes pueden estar perdiéndose de un aprendizaje social esencial. En una fiesta de verano a la que asisto todos los años, los adultos y los niños se relacionan sin problemas. Pero hace unos años, noté una diferencia en el comportamiento social de cada generación. Como en el pasado, la mayoría de los adultos conversaban cara a cara, pero esta vez, los niños estaban sentados en fila en un sofá, con el rostro al frente y mirando sus teléfonos.
Los humanos aprenden sobre los sentimientos a través de la comunicación cara a cara y las investigaciones muestran que la comprensión de las emociones crea empatía. Nuestras expresiones faciales, nuestro tono de voz y nuestro lenguaje corporal son solo algunas de las formas en que comunicamos cómo nos sentimos a otras personas. La comprensión de las emociones comienza a desarrollarse cuando los niños son muy pequeños y las pantallas no pueden enseñar esta comprensión. El uso de la tecnología móvil por parte de los niños menores de 8 años está creciendo rápidamente y los productos como una silla de baño para niños con un espacio para colocar una tableta acaban por convertirse en menos lugares libres de pantallas. Pero puedes aprovechar al máximo el tiempo de tu hijo frente a la pantalla con estos tres principios.

Vean las pantallas juntos

Los medios de comunicación de buena calidad pueden enseñar inteligencia emocional. Al elegir grandes historias con temas que valgan la pena discutir y verlos con tus hijos, puedes ayudar a que el tiempo frente a la pantalla respalde el desarrollo de tu hijo en lugar de retrasarlo. Películas como McFarland (enlace en inglés), por ejemplo, pueden enseñar lecciones importantes sobre ponerse en el lugar de otro. Si a tu hijo le gustan los videojuegos, juégalos con él. Prueba una de las muchas aplicaciones o juegos diseñados para desarrollar empatía (enlace en inglés). No importa cuáles sean los medios de comunicación, si estás en la habitación ayudando a tu hijo a pensar sobre lo que está viendo y cómo eso le hace sentir, puedes ayudarlo a obtener una perspectiva significativa.

Tomar un descanso de las pantallas

Demuéstrales a tus hijos que valoras el tiempo cara a cara con tus acciones, no solo con tus palabras. Una idea puede ser incorporar algo de tiempo libre de dispositivos cada día. Si todos (¡eso incluye a los adultos!) dejan de lado sus dispositivos y pasan tiempo mirándose los unos a los otros, moldearán el valor de las conversaciones tradicionales, una habilidad que muchos niños necesitan practicar.

Las investigaciones sugieren que este tiempo cara a cara en la vida real puede desarrollar importantes habilidades sociales y emocionales. Por ejemplo, en un estudio que realicé en la UCLA, descubrí que los estudiantes de sexto grado que pasaron cinco días en un campamento al aire libre sin acceso a ninguna pantalla, mejoraron su comprensión de las señales emocionales no verbales (enlace en inglés) que mostraban cómo se sentían otras personas.

Enseñar a disfrutar

Finalmente, aunque los lazos entre los adolescentes y su tecnología están tan arraigados que influir en su comportamiento puede parecer imposible, no te rindas. Puedes enseñarles a disfrutar los momentos cotidianos, incluso sin una cámara.

Funcionó para mí. De camino a casa de nuestro fin de semana en la playa, mi hija, su amiga y yo condujimos por la hermosa autopista de la costa del Pacífico con el sol poniéndose detrás de nosotras. De nuevo, las chicas estaban tomando fotos. Decidí hacer una propuesta. Sugerí que después de cinco minutos, las chicas debían hacer todo lo posible para no tocar sus teléfonos durante treinta minutos. Para mi sorpresa, ambas no solo estuvieron de acuerdo, ¡sino que mi hija inclusive soltó su teléfono al tercer minuto (dos minutos antes de lo solicitado)! Cuando terminó el límite de tiempo de 30 minutos, me quedé en silencio, emocionada de que ambas estuvieran disfrutando de la belleza y la paz del paseo. Por supuesto, era demasiado bueno para ser verdad, unos minutos más tarde estaban revisando sus mensajes de textos. Pero durante esa media hora, todas disfrutamos de nuestro entorno en la vida real. Parece que estas típicas adolescentes sí entendían el valor de compartir el momento con las personas que estábamos en el automóvil.

Traducido por: SpanishWithStyle.com

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