¿Podría haber ocurrido la siguiente escena en su casa?

MADRE: ¿Pero qué te pasa? ¡Te digo lo mismo todas las noches y no me escuchas! No hagas las tareas viendo televisión.
HIJO: Un minuto no más.
MADRE: No, ni un minuto ni un segundo. ¡Apágala ya!
HIJO: ¡No es justo! ¿Por qué tengo que apagarla?
MADRE: ¡Porque yo lo digo! ¡Apágala ya o vas a ver…!

Como padres, todos hemos tenido nuestras batallas intentando que nuestros hijos se comporten. La mayoría seguramente hemos usado formas de disciplina tradicionales que incluyen:

  • Culpar al niño por su mal comportamiento
  • Avergonzarlo por lo que ha hecho
  • Gritar cuando lo anterior no ha funcionado

Es normal que los padres se frustren con sus hijos hasta este extremo, pero si lo que quiere es cambiar el comportamiento de su hijo, la culpa, la vergüenza y los gritos no van a funcionar. Quizás resulten a corto plazo, si su hijo hace lo que le usted le pide por puro miedo. Pero el objetivo es lograr que los niños cooperen y se comporten a largo plazo. Y para conseguirlo necesitamos seguir los tres pasos para resolver problemas.

En lugar de luchar con su hijo —con el consiguiente enojo y malestar para ambos—, pruebe con estos tres pasos:

  1. Cooperación. Colabore con su hijo para encontrar una solución.
  2. Comprensión. Explique a su hijo que usted comprende que tiene un problema.
  3. Solución de problemas. Explique a su hijo que la mayoría de los problemas tienen solución. Después colaboren para encontrarla.

Aquí tiene un ejemplo de cómo usar 1) cooperación, 2) comprensión y 3) solución de problemas para mejorar el comportamiento:

MADRE: Me he dado cuenta de que te cuesta hacer tus tareas de la escuela por la noche porque estás viendo televisión.
HIJO: ¡Es que mi programa favorito es a la hora de hacer las tareas!
MADRE: Lo sé. Debe ser difícil.
HIJO: Sí, muy.
MADRE: Parece que tienes un problema. Lo bueno es que seguramente tiene solución.
HIJO: ¿Cuál?
MADRE: Bueno, ¿cómo crees tú que podríamos solucionar este problema?
HIJO: Hmm. No sé. Supongo que puedo hacer mis tareas antes de cenar.
MADRE: Muy buena idea.
HIJO: Espera… ¡Ese es el tiempo que tengo para jugar con mis amigos!
MADRE: Hmm. ¿Qué te parece si cenamos un poco más tarde para que tengas tiempo de jugar con tus amigos y terminar las tareas antes de que empiece tu programa favorito?
HIJO: De acuerdo. Vamos a probar.
MADRE: Perfecto. ¿Por qué no empezamos esta noche?

Cierto en la vida real encontrar soluciones entre los dos no siempre es así de sencillo, sino que exige tiempo y paciencia de los padres. Pero si ayuda a su hijo a resolver el problema (en lugar de gritarle lo que quiere que haga), le enseñará una habilidad fundamental. ¡Y de paso se ahorrará unos cuantos dolores de cabeza!

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