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En una ciudad mediana, en algún lugar de EE.UU., cinco empleados del Hospital St. Mercy fueron a la misma escuela secundaria pública. Podría parecer que de adultos todos irían por el mismo camino, pero sus trayectorias fueron muy diferentes a causa de las decisiones que tomaron en la escuela secundaria.

El trabajo de limpieza en un restaurante de comida rápida de medio tiempo, de Mario, ayudó tanto a las finanzas de su familia, que sus padres decidieron que sería mejor que trabajara de tiempo completo — y que abandonara sus estudios de secundaria. Un par de años más tarde, encontró un mejor trabajo de limpieza en el hospital.

Tras cinco años de trabajo y un ascenso, ahora gana $22.000 al año.

Carlos se graduó de la escuela secundaria el mismo año en que Mario se hubiera graduado. No ha trabajado en su profesión — transporte de pacientes — tanto tiempo como Mario, pero ya gana $ 27.900 al año.

El título de Técnico Superior Universitario de su compañera de clase, Brianna, la preparó para su trabajo de técnica anestesista, en el que gana $37.300 al año.

Siguiendo por el pasillo, encontramos a su amiga Mel, quien cursó una carrera y obtuvo un diploma, y gana $55.000 al año como nutrióloga.

Su amiga Carmen acaba de obtener su Máster en enfermería y ha empezado su nuevo trabajo, con un salario de $ 85.000 al año.

Diferencias salariales a lo largo de toda la vida

Aunque mucha gente comprende que profesiones como médicos y abogados sólo están disponibles para aquellos que han pasado muchos años en la universidad, poca gente entiende cuánto cuesta fracasar en la escuela en términos reales — en cada paso del proceso. Los trabajos en una industria, como por ejemplo en el ámbito de la medicina que hemos mencionado anteriormente, ofrecen un ejemplo gráfico de cómo funciona esto.

Incluso dentro de la misma ocupación, normalmente más educación equivale a más dinero. Según un estudio de la Universidad de Georgetown, los conductores de camiones que no llegaron a secundaria ganan menos de $1,3 millones a lo largo de su vida, comparado con los $1,5 millones que reciben los que estudiaron secundaria. Los maestros de primaria y secundaria que estudiaron una carrera ganan $1,8 a lo largo de su vida laboral, comparado con los $2,2 que obtienen aquellos que obtuvieron un Máster.

El 31 por ciento de los estudiantes afroamericanos y el 27 por ciento de los estudiantes hispanos no acaban la educación secundaria, y esto les costará para el resto de sus vidas. Los que abandonaron la escuela secundaria ganan un promedio de $24.000 al año — unos $973.000 a lo largo de su vida. Con un diploma de secundaria, los estudiantes ganan en promedio $32.000 — unos $330.000 más a lo largo de su vida.

Los que se graduaron de secundaria ven el mismo dilema cuando se comparan con sus compañeros que obtuvieron títulos universitarios. De hecho, la diferencia entre los salarios de estudiantes de secundaria y titulados universitarios es aún mayor. Según los datos de análisis del Censo de los E.E.U.U., por parte del Pew Research Center, en 2012 un graduado universitario, de una carrera de 4 años, ganaba, en promedio, $17.500 más que un graduado de secundaria. A lo largo de toda la vida, puede haber diferencias de ganancias de $1 a $4 millones.

Más allá de la nómina

Está claro, sin una carrera universitaria, los graduados de secundaria tienen más probabilidades de vivir en la pobreza, más probabilidades de quedarse sin trabajo, más probabilidades de trabajar medias jornadas en vez de jornadas completas y por lo tanto, tienen menos posibilidades de obtener beneficios tales como la atención sanitaria en su trabajo. Al final, esto tiene efectos a largo plazo que van más allá de la nómina. La calidad de los servicios de salud, de nutrición, de cuidado infantil y de educación es menor para aquellos que ganan menos dinero. La gente con menos educación tiene pocas probabilidades de poder comprar una casa (lo cual aumenta el capital social), de crear un plan de ahorro a largo plazo o incluso de apartar dinero para emergencias o para retirarse. Y aquellos sin un título de secundaria se enfrentan a más dificultades.

Aunque la universidad es un camino hacia una mejor vida y (literalmente) más rica, aquellos que han sido afectados por esta brecha de logros académicos a menudo se enfrentan a más problemas financieros si entran a la universidad. Como muchos estudiantes de bajos recursos económicos van a escuelas que no requieren cursos rigurosos de preparación universitaria, incluso algunos de los estudiantes más prometedores, se dan cuenta que deben gastar su precioso tiempo (y dinero) en tomar clases de regularización. Según Strong American Schools, el 41 por ciento de hispanos y el 42 por ciento de afroamericanos necesitan clases de refuerzo en la universidad.

La universidad no equivale a ganar la lotería

Para empeorar la situación, más estudiantes universitarios hispanos y afroamericanos se gradúan con mayores deudas que sus compañeros blancos o asiático-americanos, muchos de los cuales salen de la universidad sin deudas.

Con el aumento del precio de las matrículas, no es sorprendente que una carrera universitaria parezca cada vez más un lujo caro y absurdo. Pero a largo plazo, obtener una educación superior acaba más que compensándose.

El problema es que muchos padres descartan demasiado pronto la universidad como una posibilidad que pueden permitirse. Como resultado, no animan a sus hijos a tener grandes sueños. A menudo se muestran indiferentes acerca de la escuela secundaria, y por ello sus hijos no cursan clases más difíciles que los preparen para el trabajo universitario. Pero la verdad es que las ayudas financieras pueden cubrir la mayoría, si no todos, los costos universitarios. De hecho, algunos estudiantes de bajos recursos económicos — especialmente los que sacan buenas notas — pagan solo una parte de los costos medios.

Ponga a los niños de camino a la universidad

Así que ¿qué deben hacer los padres que se preocupan porque sus hijos no están en el camino correcto hacia la universidad?

1. Si su hijo está en la escuela primaria, ahora es el momento de concentrarse en apoyar sus habilidades básicas (lectura, escritura y matemáticas) y de desarrollar su pasión y su curiosidad. Equipado con curiosidad y la habilidad de leer y pensar, su hijo se convertirá en un estudiante de por vida — lo cual es crucial hoy en día para la mayoría de carreras.

2. Si su hijo está en la escuela intermedia o la escuela secundaria, asegúrese de que está recibiendo cursos rigurosos de preparación universitaria. Esto puede significar que debe investigar acerca de la escuela en la que estudia. Pregúntele al maestro o al director de la escuela si las clases que atiende su hijo son las más exigentes — y si están diseñadas para preparar a los estudiantes para los estudios universitarios. No permita que la escuela le falle a su hijo. Esto puede suponer que encuentre una escuela diferente o que aprenda a proponer iniciativas para mejorar la escuela.

3. Explíquele a su hijo las ventajas económicas del éxito escolar — no solo para dedicarse a una cierta profesión, sino también en otras áreas de la vida relacionadas con el trabajo que le interesen. Incluso si su hijo quiere ser músico o atleta, el hecho es que son los músicos y los atletas con educación académica los que acaban teniendo las habilidades de negocios, de escritura y de matemáticas necesarias para gestionar sus profesiones con éxito.

4. Finalmente, no subestime el poder de los sueños de su hijo. Hable con él sobre la universidad y haga que la considere como una opción que pueda imaginar en su futuro. Varios estudios muestran que las expectativas académicas de los padres tienen un efecto enorme sobre el éxito académico de sus hijos. Aunque usted no tenga diplomas o titulaciones (o aunque no hable inglés) puede comunicarle a su hijo la importancia que tiene la escuela y motivarlo para seguir el camino hacia la universidad.

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