Al final del semestre, los estudiantes de escuela secundaria en la clase de inglés de Sarah Zerwin argumentan a favor de la calificación que creen merecer.

Durante meses, han realizado pruebas, discutido lecturas en clase y entregado ensayos. Sin embargo, ninguna de estas actividades se ha traducido en puntos acumulativos. En lugar de ello, si los estudiantes creen que su calificación debería ser una “A”, describen sus objetivos de aprendizaje, los pasos que dieron para alcanzarlos y el progreso que hicieron, como el haber corregido y entregado un ensayo antes de la fecha límite. Posteriormente, Zerwin toma la decisión: ¿está de acuerdo con la autoevaluación del estudiante?

El enfoque de Zerwin refleja un cambio en el sistema de calificaciones de la escuela, y la creciente preocupación de que el tradicional sistema de puntuaciones no es equitativo. Aunque en teoría podría parecer sencillo y razonable, un sistema basado en puntuaciones está sujeto a la parcialidad, como cuando el maestro otorga puntos por esfuerzo y participación en clase. Esto suele favorecer a los estudiantes de entornos más pudientes y que cuentan con los medios y el apoyo para completar tareas diarias y proyectos de crédito adicional.

Los críticos también sostienen que el sistema de calificaciones tradicional desvirtúa el propósito principal de la educación: el aprendizaje. Y en lugar de incentivar a los estudiantes a aprender nuevo contenido y habilidades, los estudiantes se enfocan más en acumular puntos y manipular el sistema, afirma Zerwin, autora de Point-Less: An English Teacher’s Guide to More Meaningful Grading (Sin sentido: una guía para profesores de inglés para una calificación más significativa, enlace en inglés) y maestra en Boulder, Colorado. Las páginas web escolares, las cuales llevan un conteo en tiempo real de las calificaciones de los estudiantes, no hacen más que aumentar la presión.

“El sistema de puntuaciones y el énfasis en las calificaciones hace que los niños se concentren en las cosas incorrectas”, señala Zerwin. “Y no quiero que se enfoquen en acumular puntos o en el número que muestra el boletín de calificaciones”.

Ciertas investigaciones han descubierto que las calificaciones pueden restar al aprendizaje (enlace en inglés), motivando a los estudiantes a hacer trampa, tomar atajos o encontrar la manera más sencilla de terminar una tarea. Además, les hace desarrollar miedo al fracaso (pese a que el fracaso es parte del aprendizaje).

“Esto hace que haya mucho en juego”, señala Zerwin. “Les hace sentir que no pueden arriesgarse porque puede que corran el riesgo de perder puntos, y entonces sus calificaciones disminuirían. Cuando sacas todo esto de la ecuación, significa un cambio radical para los niños”.

Un enfoque más equitativo al calificar incluye prácticas como…

Eliminar la escala de puntos del 1 al 100: en lugar de promediar o sumar el desempeño de un estudiante a lo largo de un semestre, los maestros le dan más importancia al desempeño y evolución reciente. Incluso si se necesitó más de un intento, ¿el estudiante aprendió el contenido? Esto incentiva a los estudiantes a seguir practicando y mejorando, en lugar de sancionarlos por sus dificultades iniciales. Ayuda a los estudiantes que pudieron no haber contado con el mismo tipo de apoyo, recursos y ventajas de los estudiantes con maestros particulares y programas extracurriculares de enriquecimiento académico.

Permitir que los estudiantes vuelvan a intentarlo: los estudiantes pueden repetir una prueba o repasar un proyecto para demostrar que se están esforzando en aprender el material. Esto también incentiva a los estudiantes a seguir intentándolo, incluso si reprobaron o tuvieron un desempeño negativo la primera vez.

Ofrecer más oportunidades de reflexión y retroalimentación: los maestros suelen pedirles a los estudiantes que escriban un diario y reflexionen sobre su progreso. Además, los maestros dan más críticas constructivas (en lugar de puntos) sobre las tareas de los estudiantes, y también les piden a estos que se evalúen entre sí.

La evidencia de que el sistema de calificaciones alternativo es más equitativo

Usando este enfoque, Joe Feldman, autor de Grading for Equity (Calificando para la equidad, enlace en inglés) también exmaestro y exadministrador, dirigió un estudio con 350 maestros en más de 15 aulas de escuelas intermedias y secundarias urbanas y suburbanas de California, el Distrito de Columbia, Maryland y Massachusetts. El resultado: el porcentaje de estudiantes que obtenía una “D” o una “F” disminuyó (enlace en inglés). El porcentaje de estudiantes que obtenían una “A” también disminuyó, sobre todo entre los estudiantes blancos y adinerados, sugiriendo que había menos inflación de notas. Además, se descubrió que las calificaciones de los estudiantes guardaban una relación más íntima con su desempeño en pruebas estandarizadas, sugiriendo que las calificaciones reflejaban mejor su conocimiento del tema.

En el aula de Zerwin, al comienzo del semestre se les pide a los estudiantes que elijan tres objetivos de aprendizaje, como ser capaces de leer un libro y realizar sus propias interpretaciones. Posteriormente, la maestra trabaja con cada estudiante con el propósito de personalizar los pasos a seguir para alcanzar los objetivos, y les pide que usen un diario para llevar un registro de su progreso. Los estudiantes suelen entrar a su clase esperando obtener una “A” sin mucho esfuerzo, pero no tardan en darse cuenta de que para demostrar progreso y evolución tienen que esforzarse más.

“Los estudiantes creen que se les servirá todo en bandeja de plata, pero no es así”, señala Zerwin. “Aun así tienen que hacer el trabajo”.

Sin embargo, adoptar un enfoque tan distinto para las calificaciones puede traer dificultades:

Estamos condicionados a usar puntuaciones para determinar las calificaciones. Los maestros tendrán que descartar el uso de puntuaciones para garantizar que los estudiantes cooperen en clase, terminen su tarea y acaten las normas. Esto implica que tendrán que replantear la forma en que determinan y hacen cumplir los plazos de entrega, los requisitos de la clase y los objetivos de aprendizaje. De igual manera, los estudiantes tendrán que adaptarse y dejar de monitorear sus calificaciones a cada instante.

¿Qué ocurre cuando un estudiante se autoevalúa con una “A” pero en realidad merece una “B” o una “C”?

Zerwin relata que enfrentó este problema durante las primeras etapas de la iniciativa, cuando un estudiante se autoevaluó con una “A”, pero ella sabía que el estudiante no había hecho el trabajo para merecerlo. “Lo irónico es que sabía que mi antiguo sistema de calificaciones me hubiese salvado”, escribió. Desde entonces, Zerwin ha aprendido a recolectar mejores datos, comunicarse con los estudiantes de forma regular y describir de forma clara los objetivos y estándares a seguir, de manera que los estudiantes tengan plena conciencia de su progreso. A los estudiantes no deberían sorprenderles las calificaciones que obtengan al final de clase, señala Zerwin.

Aunque este enfoque debería eliminar algunas parcialidades, definitivamente no está exento de ellas.

Zerwin y los demás maestros que han adoptado un sistema sin puntuaciones son sinceros con los padres y estudiantes, y afirman que han recibido poca oposición. Los padres deberían prestar atención a los comentarios que el maestro escribe en los reportes de progreso, en lugar de limitarse a ver la calificación en la página web de la escuela. Zerwin sugiere que se pregunten: “¿Está mi hijo siguiendo el ritmo de trabajo? ¿Qué está aprendiendo? ¿Qué necesita mejorar?”.

“Es muy difícil abandonar por completo el sistema de calificaciones que conocemos”, afirma Zerwin. “Sin embargo, cuando los estudiantes se dan cuenta de que pueden entregar una tarea aunque no esté perfecta, y que no tendrán problemas a causa de ello, de pronto se concentran en el trabajo. Es, por decirlo de alguna manera, increíble”.

Puntos clave

Si quieres incentivar a los maestros de tu hijo a manejar las calificaciones de forma más equitativa, abórdalos al inicio del año escolar y pregúntales cómo se refleja el progreso y la mejoría en la evaluación del estudiante. ¿Pueden los estudiantes repetir una prueba o rehacer un trabajo? ¿Qué tipo de retroalimentación recibirán? Los padres pueden demostrarles a los maestros que comparten un objetivo en común: el aprendizaje de los niños.

Este artículo es parte de nuestra serie de artículos transformando la escuela secundaria, una colección de historias, videos y podcasts que exploran las prácticas que preparan a los estudiantes para alcanzar el éxito en la universidad y más allá.

Translated by: SpanishWithStyle.com

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